La realidad de voceadores de la nada
Quien se ufana demasiado de sus victorias guarda un corazón endeble, alimentado por el pueril sentimiento del objetivo cumplido y nada más. Allí, ostentando una corona oxidada, su sonrisa sórdida se vuelve una mueca frívola y desmedida. A ese corazón le falta Dios, porque no tiene humildad y vive por el reconocimiento. Pobre criatura espetando letanías. Que alguien le quite el hábito y la despierte a la realidad.

